COLUMNASLA PLATA MAGICA - Roberto Abrodos

Noviembre, mes de la fundación de La Plata

Por Roberto G. Abrodos

En un acto presidido por el gobernador bonaerense el 19 de noviembre de 1882 con la que fue significativa la ausencia del titular del Poder Ejecutivo Nacional, se colocó la piedra fundamental de la nueva capital bonaerense. Desde entonces, la zona fijada para su instalación se caracterizó por una actividad febril y constante que no reconoció pausas en los años subsiguientes a pesar de los innumerables problemas que planteaba la insuficiencia de medios de comunicación y de transporte, pues sólo se contaba con la línea férrea que unía La Boca (Casa Amarilla) con el pueblo de Ensenada de Barragán, siendo precaria la red telegráfica que conectaba a esa zona sureña con la metrópoli.

Antes de finalizar su mandato el Dr. Dardo Rocha logró concretar su objetivo político más trascendente, pues consiguió inaugurar las obras principales y, al mismo tiempo, encabezar el traslado de los Poderes Públicos a la nueva capital, acontecimiento que tuvo lugar el 15 de abril de 1884 cuando se instalaron oficialmente las dependencias de los tres Poderes del Estado en los edificios construidos especialmente y que, desde entonces, constituyen las sedes naturales de la gobernación, los ministerios, las cámaras legislativas y los tribunales de justicia.

Sólo le restaba la satisfacción de entregarle los símbolos del mando a su sucesor, amigo y colaborador inmediato Dr. Carlos Alfredo D’Amico, acontecimiento que tuvo lugar el 1º de mayo de 1884 en una ceremonia cumplida en la sede del Departamento de Ingenieros, lugar donde funcionaba provisoriamente la Legislatura provincial ya que la construcción del Palacio Legislativo no había concluido.

Fue, entonces, el gobernador D’Amico el primer mandatario provincial que no sólo asumió como tal en la ciudad de La Plata, sino que fijó su residencia permanente en la nueva capital, instalándose en un verdadero palacio que financió con su capital. A él le correspondió la responsabilidad de ejecutar las obras pendientes de la etapa fundacional, tarea que realizó con singular éxito y dentro de los plazos preestablecidos. A pesar de esa loable labor la historia no ha reconocido los valores expuestos en su gestión como Ministro de Gobierno, primero, y como Gobernador, después, considerando que fue un protagonista de primer nivel en el período 1880-1887, cuando se cumplió el proceso que culminó con la fundación de la ciudad de La Plata, pues acompañó activamente en la sanción de la ley fundacional e intervino en la ejecución de todos los emprendimientos previstos en el programa de gobierno enunciado por el Dr. Dardo Rocha en el histórico mensaje a la Asamblea Legislativa que pronunciara en el acto de asunción llevado a cabo el 1º de mayo de 1881 en el recinto instalado en la legendaria «Manzana de las Luces» de la ciudad de Buenos Aires.

Cabe recordar que el Dr. D’Amico se había desempeñado como Secretario del Senado Provincial (1864-1880), pasando luego a ejercer el cargo de Ministro de Gobierno, antes y después de la asunción del Dr. Dardo Rocha al frente de la gobernación. Como broche final a su actuación en el sector público, se destaca la labor desplegada como titular del Poder Ejecutivo Provincial, de manera que no sólo participó activamente en la gestación del proyecto y en la ejecución del plan de obras fundacional, sino que tuvo la complacencia de inaugurar los principales edificios públicos de la nueva capital. Sirva entonces esta recordación como un justiciero homenaje por los importantes servicios que prestó ese calificado personaje a la patria y, particularmente, a la Provincia de Buenos Aires.

La gran afluencia de trabajadores que se produjo a consecuencia de las obras fundacionales habilita el proceso de investigación que representa, pues a partir de la radicación de los profesionales y técnicos que condujeron dichas obras y los inmigrantes extranjeros que aportaron la mano de obra directa, los servicios comerciales y productivos de apoyo, además de la necesaria asistencia médico-sanitaria, educativa y cultural a los primeros habitantes, nació una sociedad que bien pronto se caracterizó por su capacidad creativa, constituyéndose en nervio y motor del desarrollo alcanzado por la Provincia de Buenos Aires en todos los campos.

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