SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS


Por Fernando Borrazas para el MIG
Fotos Gimnasia Oficial y Liga Argentina de Básquet (Web)
Los Gladiadores se quedaron con una serie para el infarto ante Racing Club y se metieron en los octavos de final de la Liga Argentina 2025/26. Cada equipo conservó su localía y así todo se definió en el quinto juego. Aquí, las idas y vueltas de Gimnasia para superar la fase.
Capítulo I: Gimnasia 85 – Racing 81. Garra y corazón.
Fue un partido muy parejo, tal cual lo determina el marcador. Se repartieron tanto aciertos como errores, pero La Academia se pareció muy poco a aquel de la fase regular. En El Lobo sobresalieron Joan Gutiérrez Conde, Ezequiel Paz, Gian Franco Sinconi y Juan Francisco Boffelli. El primer paso estaba dado y había que seguir por esa senda, pero marcando un poco mejor, sobre todo el perímetro.
Capítulo II – Gimnasia 87 – Racing 72. Triunfo con categoría.
Basta con observar el resultado final para darse cuenta dónde estuvo la diferencia con el juego anterior. Esto es, ni más ni menos que la marca Tripera. El conjunto de Avellaneda no se encontró cómodo en ningún pasaje del partido, mientras que Los Gladiadores se dieron el lujo incluso de superar el goleo anterior. Faltaba ganar un encuentro más y obtener la clasificación, pero la ruta nos fue muy adversa en ese sentido.
Capítulo III: Racing 99 – Gimnasia 74. Un golpe knockout.
¿Qué se puede decir de este juego? Muy poco, ya que luego de la derrota anterior, La Academia parecía destruida en lo anímico, pero lo que se vio en el parqué fue totalmente diferente. La clave pasó fundamentalmente por la pésima marca Tripera en el perímetro, ya que desde allí se lucieron Fernández Gago, Núñez, Rosende y, sobre todo, Fuenmayor. A tal punto llegó la cosa que, promediando el último cuarto, el local llegó a sacar una ventaja de 30 puntos. El panorama cambió rotundamente y de manera inesperada. Obviamente había que modificar radicalmente la imagen de cara al partido siguiente.
Capítulo IV – Racing 83 – Gimnasia 68. Otro cachetazo.
Alguien que sabe mucho más de básquet que quien esto escribe, me dijo: “Profe, si perdemos el tercero, habrá quinto partido”, y así fue nomás. La diferencia con el juego anterior fue mínima, ya que el conjunto de Avellaneda dominó otra vez el perímetro a voluntad y, además, marcó muy bien. Asimismo, Gimnasia tuvo pérdidas insólitas, totalmente impropias de esta parte de la competencia.
Capítulo V – Gimnasia 77 – Racing 72. A Dios le pido.
Jugados y sin fichas, Los Gladiadores debían dejar todo para seguir adelante y superar esta etapa. Y, la verdad, el comienzo fue prometedor, ya que El Lobo metió un parcial de 11-02, lo que obligó a Boadaz, el técnico académico, a pedir tiempo muerto. Luego de ello, el cuarto se hizo más parejo, sobre todo porque a Gimnasia se le “secó” el aro y, si bien marcó mucho mejor que en los partidos en Avellaneda, las cosas comenzaron a complicarse. A tal punto llegó la cosa que, de cara al descanso largo, el visitante se fue 3 puntos arriba en el marcador.
Aquí es necesario hacer un paréntesis: la mejorada marca Tripera generó que tanto Fernández Gago como Fuenmayor pesaran mucho menos que antes, lo que fue clave para lo que ocurriría 20 minutos más tarde. Ahora sí, continuemos.
Esos 20 minutos fueron los más infartantes de la serie. Como muestra de ello, cabe decir que, faltando 11 segundos y fracción, Ezequiel Paz recibió una falta que lo envió a la línea de libres. Convirtió los dos, poniendo el partido 75-82 y allí Boadaz pidió otro tiempo muerto. Se iba el juego y Racing impulsó un ataque buscando un triple que llevara todo a tiempo suplementario. Pero allí apareció Agustin Vergara, quien le robó el balón a Fernández Gago y se fue directo al canasto para sellar el resultado final.
El derrotero de Los Gladiadores tendrá un nuevo capítulo este jueves, cuando visite a Central Entrerriano de Concepción del Uruguay, Entre Ríos. La cosa seguirá el sábado en la misma condición y luego regresarán al Polideportivo el martes y el jueves que viene, de ser necesario. El conjunto entrerriano va a ser un escollo complicado, pero nadie puede quitarnos las esperanzas.









